 
El pinzón de las Galápagos
No se tiene que estudiar las bacterias o el ADN para hallar evidencia en tiempo real de la evolución. Observaciones recientes de las distintas especies de pinzones que Darwin estudió en el archipiélago de las Galápagos –sin caer en cuenta de cuán importantes resultaron ser- han mostrado cómo un proceso fuerte de selección puede dar como resultado cambios notables en sólo cuestión de años.
Los primeros pinzones llegaron a las islas hace dos o tres millones de años; estos colonizadores iniciales han evolucionado en 14 especies distintas. Las distintas especies tienen variadas preferencias ambientales, buscan distintos tipos de comida y a menudo tienen picos de formas disímiles.
Estos rasgos pueden cambiar en tiempos mucho menores a tres millones de años. Los pinzones de las Galápagos han sido estudiados de manera intensiva durante tres décadas por los biólogos Peter y Rosemary Grant, de la Universidad de Princeton.
Cuando los Grant hicieron por primera vez trabajo de campo en la década de los años 70, sólo existían dos especies de pinzón en Daphne Major, una de las islas: el pinzón de tierra media (Geospiza Fortis) y el pinzón de cactus (Geospiza scandens). En 1977, una terrible sequía acabó con muchas plantas, dejando sólo una limitada cantidad de las semillas pequeñas que servían a las aves como alimento. En la subsiguiente competencia por comida, muchos de los pinzones de tierra media murieron, al no ser sus picos lo suficientemente fuertes para abrir las semillas –más grandes- que restaban.
Como resultado, la siguiente generación de pinzones en Daphne Major tuvo picos más grandes y fuertes, heredados de los sobrevivientes de la sequía.
Unos años después, el efecto selectivo se invirtió cuando las fuertes lluvias facilitaron el crecimiento de una gran cantidad de plantas de semillas pequeñas, y dieron la ventaja a las aves de picos más pequeños.
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