Destacaban particularmente la fauna y flora insulares, como las del archipiélago de las Galápagos, ya que en tierra firme, en ambientes similares, había especies que podrían haber florecido en las islas y que a menudo estaban ausentes. Esto sugería que las especies no se habían originado en las islas, sino que de alguna manera habían conseguido colonizarlas en el pasado desde tierra firme.
Una nueva manera de observar
‘Diversas clases de hechos. . . parecen proclamarme de manera obvia, que las innumerables especies, géneros, y familias de los seres orgánicos que pueblan este mundo, han descendido todos, cada uno dentro de su propia clase o grupo, de antecesores comunes, y han sido todos modificados en el curso de su descendencia.’ El origen de las especies, Capítulo 13.
Darwin describió a El origen de las especies como una ‘larga argumentación’. Sus argumentos apoyaban la idea de la descendencia modificada. Su profundo estudio de la manera en la que los criadores pueden modificar especies como las palomas, le ayudó a desarrollar su teoría. El presentó otra evidencia sacada de sus observaciones y las de otros para apoyar sus ideas.
Su experiencia en el viaje del Beagle le animó a tener en consideración la distribución de las especies –lo que hoy llamamos biogeografía. Este tema también fue de interés para Alfred Russel Wallace durante sus propios viajes como naturalista.
Tanto Darwin como Wallace estaban fascinados por las islas. Algunas veces las islas se hallaban tan lejos de tierra firme que ciertos grupos de especies simplemente no existían. Por ejemplo, las islas oceánicas no tienen ranas, sapos o tritones.
‘Observa con detenimiento los detalles,’ urgía Darwin, ‘y mira que la flora y la fauna de cada isla en particular están relacionadas con aquellas de la tierra continental más cercana, pero son ligeramente diferentes.’ Incluso identificaron una relación entre la profundidad del mar entre las islas habitadas por mamíferos, y el nivel de semejanza entre especies de las diferentes islas.
Todo esto sugería que las variaciones en especies dependían del tiempo en que hubieran estado separados. Mientras más tiempo se hubiera dado esta característica, mayor oportunidad de que hubieran cambiado de maneras que las diferenciaran de un ancestro común.
Adicionalmente, surgió abundante evidencia geológica y documentación originada en el estudio de fósiles, y en la historia natural. Todas fueron tejidas en un nuevo concepto: cómo reconocer en el mundo viviente las trazas de su larga historia.
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