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El triunfo épico de la historia evolutiva de la vida ha sido fuente de inspiración para muchos. Como lo expresó el paleontólogo británico Simon Conway Morris, “la evolución descubre el canto de la creación”.

Conway Morris, científico y cristiano, cree que ambas perspectivas se enriquecen mutuamente. Su compromiso con las teorías de Darwin subraya su convicción de que no existe oposición entre ciencia y religión.

La idea de que la teoría de Darwin contradecía la religión surgió por ser, en parte, una respuesta científica a determinadas preguntas (como el modo en que aparecen las especies) que tradicionalmente se habían respondido con explicaciones de tipo religioso.

La ciencia y la religión son dos conjuntos dinámicos de ideas. Cada una venera algunos textos básicos, que como todos los libros pueden leerse de distintas formas. Las creencias que emanan de ellas pueden parecer contradictorias a veces pero, hasta cierto punto, ello depende de cómo se interpreten.

Algunos lectores de la época victoriana, por ejemplo, se sintieron ofendidos porque la teoría de Darwin negaba el papel de un creador en la génesis de las distintas especies. Por eso, a quienes continúan creyendo que los organismos vivos se originaron a partir de actos específicos de la creación divina, todavía les cuesta aceptar las versiones modernas de la teoría de la evolución.

Sin embargo, esta es sólo una interpretación del papel del creador en el cosmos. La teoría de Darwin no dice nada sobre la aparición primera de la vida, o sobre los orígenes del universo. Es perfectamente posible sostener una explicación científica de cómo las leyes de la naturaleza permitieron el desarrollo del universo y de la vida, y creer que una deidad creó tales leyes.

Foto de dos manos y una estrella talladas en arenisca sobre una meseta. © Sean McBride


























El más ferviente defensor de Darwin, el científico Thomas Henry Huxley, acuñó el término “agnóstico” para describir su opinión de que, cuando se alcanzan los límites de la razón, una mente abierta es el mejor enfoque para contestar las preguntas aún sin respuesta.

Contemplar lo que revela la ciencia moderna acerca de la diversidad y de la complejidad de la vida obliga incluso a quien no tenga creencias religiosas formales a sentir el poder de una de las fuentes universales del sentimiento espiritual: una sensación de asombro.

Una epopeya sagrada

Darwin no vio contradicciones entre su idea de que toda forma de vida evolucionó de especies más primitivas, y la creencia en una deidad creadora. Poco tiempo después de la publicación en 1859 de El origen de las especies, el novelista y pastor anglicano Charles Kingsley escribió a Darwin sobre el libro. ‘He aprendido gradualmente,’ anotó, ‘a ver como una concepción tan noble de deidad el creer que creó formas primitivas capaces de auto-desarrollo… como el creer que requirió un acto de intervención. Tiendo a creer en el primero como un pensamiento más elevado’. Darwin apreció el sentimiento expresado en este comentario, y con la autorización de Kingsley, lo incluyó en ediciones posteriores de El origen de las especies.

Desde entonces, practicantes de todas las religiones han seguido inspirándose en la riqueza del mundo natural, el cual permanece para ellos tan maravilloso después de Darwin como lo era antes.

Como escribió Simon Conway Morris: ‘Aquellos animales que son el resultado de muchos miles de millones de años de previa evolución estelar y biológica, pueden muy bien ser la única manera de permitir que por lo menos una de las especies inicie su encuentro con Dios.’

Otros, como el evangelizador estadounidense Michael Dowd, predican que la evolución es una epopeya sagrada, que revela una compleja historia que se desarrolla en catorce mil millones de años.

La noción de Darwin sobre la modificación y la descendencia se apoya en el detalle de la similitud entre muchos genes compartidos por montones de especies, lo cual ha sido confirmado a través del proyecto del genoma humano. Este énfasis en la unidad de la creación es fuente adicional de inspiración para muchos.

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